Hay quien dice que cada dorsal representa a su jugador. Álvaro
Negredo, en cambio, no tiene uno... sino tres, y los tres definen a un
futbolista que se ha ganado a pulso ser el segundo goleador español en
activo de la Liga BBVA.
El primero es el “9”, el que lo apoda “el Animal”, el que lo ha
convertido en la referencia ofensiva del Sevilla. El siguiente es el
“11”, el de la Eurocopa, el número que reconoce el trabajo constante
para ser otra pieza de la Selección, junto a los mejores jugadores del
mundo. El tercero y último es el “10”, y ese... ese no se lo quita
después de los partidos.
El madrileño es un 10 como hijo, como hermano y como compañero. Allá
donde vaya solo tiene buenas palabras para todos los que se ha
encontrado en su camino y eso hace que la grandeza de Álvaro esté, ante
todo, en su humildad, en su respeto y en su compromiso.
De pequeño era muy difícil. Ellos jugaban lejos de donde vivíamos, yo lo
hacía en el colegio de al lado de casa. Mi padre se iba con el mayor
porque jugaba en las categorías inferiores del Real Madrid y al
mediano lo llevaba mi madre en autobús. Siempre han hecho todo lo
posible para que no faltásemos nunca a un entrenamiento, para intentar
ayudarnos en todo, para lavarnos la ropa y que la tuviésemos limpia
al día siguiente. En eso tengo que darles las gracias porque si he
llegado también a donde estoy es por su esfuerzo.
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