De peón de obra a internacional de fútbol sala hay un trecho. Quizá un abismo. Dos trabajos muy distintos que, llevados a la práctica de manera simultánea, requieren un derroche físico descomunal. Pero a veces no hay más remedio que enfundarse el mono de obrero por la mañana y el de jugador por la tarde, ser un pluriempleado que pisa con pies mundanos y, al mismo tiempo, piensa en ganar un mundial con la selección española.
Ángel Velasco Lin, antes de conseguir un título europeo o militar en el FC Barcelona, se dedicó a la construcción y compaginó ambos oficios con talento, esfuerzo, constancia y valor. Hoy es uno de los mejores futbolistas en España y un ejemplo para todos los chavales que sueñan con vivir de la pelota.
Ángel Velasco Lin, antes de conseguir un título europeo o militar en el FC Barcelona, se dedicó a la construcción y compaginó ambos oficios con talento, esfuerzo, constancia y valor. Hoy es uno de los mejores futbolistas en España y un ejemplo para todos los chavales que sueñan con vivir de la pelota.
P.- Cuando debutó en División de Honor en 2004, ya era conocido como Lin. Ahora ha triunfado en el FC Barcelona, ha ganado un europeo y es un fijo para José Venancio. ¿No deberían llamarlo señor Velasco?
(Risa) Eso es solo el apellido. A mí me gusta más el mote que me puso mi familia. De pequeñito me llamaban Angelín y al final me quedé con Lin. Lo prefiero porque es mi nombre de jugador.
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