En el fútbol hay tipos buenos a patadas. Van de aquí para allá y cambian de escudo ocho o nueve veces en su carrera profesional. Son maestros del trotamundismo. Por pasar, claro que pasan a la historia futbolera, pero luego se complica cuando hay que reconocerlos como emblema de un club y tienen tantos “ex” de prefijo que no llegan ni a poner su nombre en el buzón de alguna casa.
Mándenle en cambio una carta a Xavi Aguado que la recogerá en la Romareda, en la Ciudad Deportiva e incluso en todos los hogares de los aficionados zaragocistas. Ningún otro jugador ha conseguido representar al equipo maño como lo hizo Aguado en sus días como zaguero y, mucho menos, como lo hace ahora desde la grada.
Mándenle en cambio una carta a Xavi Aguado que la recogerá en la Romareda, en la Ciudad Deportiva e incluso en todos los hogares de los aficionados zaragocistas. Ningún otro jugador ha conseguido representar al equipo maño como lo hizo Aguado en sus días como zaguero y, mucho menos, como lo hace ahora desde la grada.
P.- Cualquiera que viese su palmarés como jugador diría que en las vitrinas de Xavi Aguado solo caben trofeos de fútbol. No obstante, en sus inicios no calzaba botas de tacos. ¿Por qué empezó su carrera como deportista en el baloncesto?
Todos los niños cuando nacen en Badalona quieren jugar al baloncesto. En aquella época, el Badalona de fútbol estaba en tercera, ahora ya en segunda B, pero entonces la referencia histórica era la Penya. Yo era de los chavales altos y jugué hasta los 13 o 14 años, lo que pasa es que mis padres se cambiaron de vivienda y se fueron a un pueblo de las afueras, a Tiana. El primer año bajaba en autobús y al siguiente ya dije: “Papá, esto se ha acabado”. Me apunté poco después al equipo de fútbol porque fuera de Badalona era el deporte que más se practicaba, había más campos y más posibilidades.
Todos los niños cuando nacen en Badalona quieren jugar al baloncesto. En aquella época, el Badalona de fútbol estaba en tercera, ahora ya en segunda B, pero entonces la referencia histórica era la Penya. Yo era de los chavales altos y jugué hasta los 13 o 14 años, lo que pasa es que mis padres se cambiaron de vivienda y se fueron a un pueblo de las afueras, a Tiana. El primer año bajaba en autobús y al siguiente ya dije: “Papá, esto se ha acabado”. Me apunté poco después al equipo de fútbol porque fuera de Badalona era el deporte que más se practicaba, había más campos y más posibilidades.
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